ACERCA DE LA EVALUACIÓN DE LAS ACTITUDES.¿Qué realmente evaluamos y que debemos evaluar?

Es común observar la evaluación de las “ACTITUDES” dentro de los modelos contemporáneos de evaluación pedagógica. Sin embargo, a diferencia de la evaluación de aprendizajes de conceptos y procedimientos donde se establecen con mayor nitidez los criterios e indicadores de evaluación, las “ACTITUDES” han sido pobremente consideradas, aplicadas y comprendidas dentro de la pedagogía “moderna”, generando serias inconsistencias en la labor educativa.

a)      ¿Realmente EVALUAMOS ACTITUDES?

En principio cabe resaltar que la grieta de nuestro modelo educativo es su sesgo cognitivista, dado que coloca en la dimensión cognitiva del alumno todo su énfasis. De esta forma, en la práctica, la educación no brinda mayor importancia al desarrollo de los afectos, valores e intereses de los alumnos. Por eso no debe sorprender a nadie que la evaluación de las actitudes se tome con la ligereza que se observa en la labor de la mayoría de educadores en el país. No estamos frente a una carencia de teórica o metodológica sobre la evaluación de las actitudes, sino frente a una traba que proviene desde la concepción educativa misma.

Por otro lado, nos preocupamos por evaluar actitudes (o al menos eso pretendemos) pero ¿existe la misma preocupación por desarrollarlas? Una vez más el sesgo cognitivista produce una inconsistencia: evaluamos algo que no formamos.

Entonces, al no poseer un marco educativo sólido y un soporte educativo eficaz para la formación “actitudinal” del alumno, la evaluación de actitudes se transforma en una gama de supuestos que abarcan desde evaluar “el buen comportamiento” del alumno, “su esfuerzo”, “su empeño”, “su dedicación” , “su trabajo en equipo” y demás aspectos dejados al criterio abierto del docente, sin considerar la formación y evaluación de otras categorías psicológicas más vitales para el desarrollo personal e implícitas en el desarrollo de las actitudes: el desarrollo afectivo y moral.

a)      ¿Qué SON LAS ACTITUDES?

La psicología tradicional define las actitudes como “las disposiciones mentales que establece el sujeto frente a un determinado objeto” (F. Allport). Estas disposiciones están constituidas por factores afectivos, cognitivos y conductuales. Es así que la evaluación de las actitudes no es otra cosa que evaluar la disposición afectiva y cognitiva frente a una materia determinada, lo cual debería traducirse en determinadas conductas, lo cual es la base de los indicadores de evaluación de las actitudes.

Sin embargo esta definición ha sido pobremente aplicada en los modelos educativos: no se establece la ubicación y el papel de las actitudes dentro del esquema global de desarrollo de la personalidad del alumno. En otras palabras ¿Qué importancia tiene para el desarrollo personal de los alumnos que les guste la Historia o Matemáticas? ¿Qué implicancias tiene para el desarrollo afectivo y moral del alumno poseer una buena disposición para estudiar aritmética? ¿Qué relevancia tienen estas “disposiciones” para la definición personal del alumno? De esta forma advertimos una inadecuada comprensión /aplicación de la formación “actitudinal” de los alumnos, pretendiendo que las actitudes que debemos formar/evaluar deben girar frente al curso o al profesor…¿y la actitud frente a la vida? ¿frente al prójimo?  ¿frente a sí mismo? ¿frente a la adversidad? ¿frente al dolor ajeno? ¿frente a la pobreza, la miseria y la corrupción que tanto azota al país? ¿Acaso no sería pedagógicamente más coherente desarrollar actitudes frente a estos temas para alcanzar el ideal de una sociedad mejor y más justa a través de la educación?

b)      ¿Realmente LA ACTITUD ES LO QUE QUEREMOS EVALUAR?

Cabe preguntarse finalmente si la formación de las ACTITUDES es el constructo  ideal para evaluar el desarrollo de los subsistemas afectivo y moral de la personalidad. En realidad, cuando hablamos de actitudes solo nos referimos a una unidad resumida de la CONDUCTA del alumno, entendiendo este concepto como la actividad personal que resume lo afectivo y cognitivo bajo la orientación de  las motivaciones y constitución moral de la persona (comúnmente en las escuelas se llama CONDUCTA a lo que realmente es COMPORTAMIENTO). De esta forma sería más coherente hablar de evaluación de la CONDUCTA del alumno (en sentido científico) como medio para evaluar la orientación moral de la actividad del alumno.

Finalmente, los dejamos con algunas escenas de una película muy celebrada, a propósito del desarrollo moral en el individuo y la posibilidad de trascender a través de la educación el curso formal de la historia.

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Consultora en Gerencia Educativa
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