“PROFESOR, ME VENGO A QUEJAR PORQUE MI HIJO HA REPETIDO”

La típica escena donde el profesor les comunica a los padres sobre la sensible repitencia de su menor hijo siempre ha sido una de  las más trágicas en toda la tradición escolar.

En efecto, los que han pasado por esa experiencia  en alguna época pasada (en el papel de hijos, maestros o padres) deben recordar claramente todos sus  componentes: las amenazas desmesuradas del padre (verano encerrado, navidad sin regalos, profesores particulares las 24 hrs del día, no salir a la calle ni para comprar pan, olvidarse del pinball, atari y demás posibilidades de entretenimiento), las frases demoledoras de la madre (“me has decepcionado”, “yo confiaba en ti”, “ya no serán el mismo para mí”, etc),  los llantos, sollozos entre otras expresiones comprensibles, para que al final, gracias a la profesional mediación del profesor todo termine en reflexiones, promesas, abrazos, agradecimientos, gracias por todo su apoyo, Feliz Navidad, Feliz Año y nos vemos en la nivelación de Enero.

Sin embargo, esta típica escena ha sufrido en la actualidad algunos cambios dramáticos. Veamos:

UNO: “PROFESOR, USTED ME DEBIÓ DECIR CON ANTICIPACIÓN QUE MI HIJO IBA A REPETIR”

¿Le suena conocida esa frase?  Si bien es cierto los docentes están en la obligación de reportar constantemente a los padres sobre el estado académico de sus hijos, HAY QUE TENER EN CUENTA QUE SI UN PADRE SE SORPRENDE POR LA NOTICIA DE REPITENCIA DE SU HIJO REFLEJA QUE NO HA ESTADO MUY ATENTO A SU DESEMPEÑO ESCOLAR.

DOS: “PROFESOR, SI MI HIJO REPITE ES PORQUE USTED NO LE HA ENSEÑADO BIEN”

Otra frase muy de moda. Efectivamente, los padres al escuchar la triste noticia, identifican al profesor como el principal negligente exonerando al alumno de todo sentido de responsabilidad sobre el triste desenlace de su desempeño escolar. De esta forma se genera una imagen inaudita: los padres exigiendo explicaciones al profesor, éste  tratando de defenderse y los alumnos observando la escena como un tercero sin mayor conciencia sobre su real grado de responsabilidad por su presente (y futuro).

TRES: “PROFESOR, MI HIJO ES HIPERACTIVO, TIENE BAJA AUTOESTIMA, DIFICULTADES DE APRENDIZAJE, ETC…USTED DEBIÓ HABER PREVISTO ESO”

Eso pasa cuando algunos conceptos se ponen de moda. De un tiempo a esta parte en los colegio hay epidemias de hiperactividad, baja autoestima, bullying, problemas de aprendizaje, etc, etc …y esto gracias a que es preferible recurrir abusivamente a estos conceptos para explicar los problemas que se generan por la falta de cariño y dedicación a los alumnos desde el hogar y la escuela. De esta forma, estos conceptos forman parte del “Speech” habitual de muchos padres cuando tratan de justificar el pobre desarrollo personal de sus hijos debido a la poca dedicación, cariño y atención que reciben.

No queremos hacer mella en los padres. Sabemos que hasta por amor cometemos errores. Simplemente queremos recordarles que la repitencia del año no es un evento catastrófico. Es simplemente una lección de vida. Es ante todo la oportunidad de aprender a ser responsables por nuestros actos y tomar mejores decisiones.

Sin embargo para que este aprendizaje se logre, es necesario contar con un maestro. Un maestro de la vida. Y quien mejor maestro que quien precisamente nos dio la vida.

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